"El jockey", Una comedia con realismo magico y esperanza
- Oscar Sánchez
- 29 oct 2024
- 11 Min. de lectura

Fotografia: Viennale
¿Qué debo hacer para que me vuelvas a amar? Morir y nacer de nuevo?.
Por: Oscar Sanchez
* Entrevista a Nahuel Pérez Biscayart.
Buenos días, David. Buenos días. Bueno, mis felicitaciones por tu grandiosa actuación en la
película.
Gracias. ¿Cuándo lo viste? Lo vi ayer y me quedé muy motivado.
Mi primera pregunta sería, ¿cómo te preparaste para el personaje de Remo Manfredini?
Como en los buenos proyectos uno cree que tiene que prepararse mucho y al final uno no se prepara tanto, ¿no? O es una preparación que se da de manera casi misteriosa, sin que uno tenga que poner demasiada voluntad. Hubo cosas técnicas que sí había que preparar, como bueno, aprender a montar. Si bien yo sabía montar, el jockey monta de una manera muy diferente, ¿no? El culo no toca la montura y es como una especie de flexión constante en la cual las piernas del jockey son... O sea, las piernas del caballo son como una extensión de las piernas del jockey.
Y esa postura corporal para mí estaba buena en poder incorporarla, porque inevitablemente afecta la manera de caminar, la manera de moverse, la manera de relacionarse con la tierra, con la superficie. Después pasé un poco de tiempo ahí con los jockeys también en Buenos Aires, intentando entender esta cosa de la adrenalina que los habita. Después hubo muchas charlas, mucho tiempo compartido con Luis, y eso para mí siempre es lo más importante cuando uno con los directores y directoras puede, ¿cómo decirlo? Como desplumar un poco el material y darle lugar a ese material para que se impregne en uno.
No soy de tomar decisiones radicales antes de empezar una película. Modos de hablar, o sea, intento que la forma se configure a medida que uno empieza casi te diría a filmar. Me gusta llegar al rodaje con muchas imágenes, con mucha inspiración, con muchas hipótesis, con muchas posibilidades, pero sin haberme casado con ninguna.
Y Luis es bastante así, la verdad. Luis no es alguien que el director que te quiera, que te pida que pases, que bajes un mensaje o que lo hagas de una determinada manera. No, es un director muy orgánico en ese sentido.
Y después hubo mucha preparación de maquillaje, de pelo, peinado. Entonces también pasar tanto tiempo probando diferentes formas sobre uno, eso hace que el personaje de alguna manera encuentre su propio lugar. Hay una frase que se me hizo muy presente.
Pensaríamos que puede ser como una metáfora visual la frase de ¿Qué debo hacer para que me vuelvas a amar? Morir y nacer de nuevo?.
Sí. Y hay que saber morir para poder vivir.
Poder soltar todas esas monturas que nos han puesto. Todos esos mandatos, esos personajes, esas identidades que hemos aprendido a actuar para sobrevivir. Y el amor, si uno no se desnuda no puede amar.
Entonces creo que la muerte que me interesa pensar es esa muerte. La de la disolución de lo aprendido para poder justamente revivir y redescubrirse en diferentes maneras de relacionarse con nosotros. Durante el rodaje
¿Hubo alguna escena o algún momento que me quisieras contar especial para ti?
Uf, hubo muchos momentos en ese rodaje.
Lo que tiene de mágico de filmar con Luis es que todos los días pasa algo mágico. Por más pequeño que sea siempre hay un momento en el día que el tiempo se detiene, que la gente se mira y dice ¡Qué fuerte lo que acaba de pasar! Como que hay siempre momentos así en los que el tiempo se suspende. Esta película fue un gran devenir, fue un gran viaje, una gran aventura.
Cada día tenía algo muy novedoso. Y si pensás que Remo además se transforma tanto, cada día era una gran sorpresa. Me acuerdo el primer día que teníamos que hacer Dolores en la cárcel, que arrancamos por la primera escena en la que Dolores les cuenta a los otros prisioneros la historia de la montura y todo eso.
Me acuerdo que nos fuimos a preparar con el maquillaje a las 4 de la mañana porque teníamos dos horas de preparación, muy largo todo. Y vimos el día amanecer y luego salimos del trailer y salimos y entramos en la cárcel. Me acuerdo todo ese proceso que fue como un renacer de alguna manera.
Fue muy lindo ver el amanecer y luego entrar en el rodaje. Y nunca habíamos hecho ninguna definición del personaje, del pelo, nada. Había muchas pruebas, pero ese día fue el día en el que eso se confirmó.
Fue muy emocionante.
¿Miedo y velocidad lo viviste?
El miedo existe antes de arrancar. Una vez que arrancas, el miedo desaparece.
Actuar es veloz en el sentido de que hay una adrenalina que se pone en juego y hay un tiempo que no se detiene y uno tiene que estar... No es rápido, pero es veloz en el sentido de que uno no puede soltar nunca el conejo. Uno no puede nunca soltar. Entonces para mí actuar tiene mucho que ver con ese pulso que no se detiene, con esa corrida detrás de la cual uno está ahí latiendo.
Y no genera miedo, genera mucho placer si uno se anima. Pero bueno, esa es la cuestión, poder saltar al abismo sin pensar en el golpe.
¿Cómo ha sido tu experiencia con Daniel Giménez Cacho y Úrsula Corberó?
Ah, fue hermoso. Fue muy, muy lindo, la verdad. Fue un equipo muy amoroso, muy inspirador. No conocía a ninguno. Con Dani tuvimos una conexión muy profunda e inmediata. Hubo mucho enamoramiento, mucha creatividad, mucha simpleza, mucha organicidad. Filmamos todas las escenas de Dani en diez días porque Dani tenía otro rodaje después, así que eso nos obligó a meter todas las escenas con Dani al principio y fue muy intenso.
Con Daniel. Pues te imaginarás, teníamos que pasar de cabeza de sandía, remo, remo, cabeza de sandía. Fue muy loco.
Y con Úrsula fue muy lindo porque los únicos ensayos que hicimos fueron de danza, que ni siquiera fue una coreografía, pero tuvimos como unos ensayos, unos entrenamientos con un coreógrafo bailarín argentino muy bueno que se llama Manuel Atwell. Y fue muy lindo encontrarse ensayando con una compañera, no las escenas, sino los bailes. Fue un descubrimiento muy inmediato.
Tuvimos mucha piel, mucha química, se sintió como familia. Y fue muy lindo, es lindo, a mí me gusta trabajar con gente de todo el mundo y esta peli también me ofreció esa posibilidad de poder trabajar con muchas latitudes diferentes.
Timo Salminen, el DF de Kaurismäki
¿Tu experiencia con el Director de fotografia Timo Salminen,¿Con Timo? Que también trabajo con Lisandro Alonso y que es el director de fotografía de Kaurismäki?
Hermoso. Muy lindo, muy lindo. Timo es alguien que no habla, es alguien muy simple que hace su trabajo y a través de su trabajo habla, porque es muy inspirador entrar a un set que fue iluminado por Timo.
Era siempre muy magnético, muy vibrante, muy lúcido, muy cristalino. Hay algo que logra Timo en el ambiente que es muy... Te hace ver lo esencial y para actuar eso está buenísimo. Y nos fuimos cada vez entendiendo más a lo largo del rodaje, con miraditas, con cosas muy sencillas.
¿Sabías que querías ser actor?
No.
Tu primera experiencia es a los 17 años?
Sí. Sí, no, no sabía que quería ser actor.
De hecho, las clases de teatro no me gustaban mucho, me daban mucha timidez. O por ahí me daba timidez o miedo porque sabía que había algo ahí muy potente, ¿no? Que si lo abrazaba me iba a llevar muy lejos. Y fue más una reacción, te diría, la actuación.
Yo iba a una escuela secundaria muy deprimente que yo había elegido. Y era tan deprimente y tenía tan poca humanidad que había un grupo de teatro que hacían los viernes unos talleres y empecé ahí pero casi para sobrevivir, para poder, digamos, aguantarme la semana que era muy dura. Y fue ahí donde encontré una posibilidad de conexión con lo humano, supongo.
¿Los premios son importantes para ti en tu carrera?
No para mí, pero sí para la idea de una carrera. Entonces depende cómo uno los entienda o depende qué uno les pida a los premios. Yo no necesito un premio para sentirme valorizado.
No hay ningún logro en el premio para mí. Los premios son muy arbitrarios, son muy injustos. Me parece injusto en el arte decir que algo es mejor que otra cosa.
Puede ser que algo sea más, no sé, notable en algunas características, que se resalte más que otras por algunas otras características. Me parece muy arbitrario y muy injusto. Entonces no le doy un lugar total y profundo al premio.
Pero sí me gustaría ganar todos los premios por el simple hecho de que cuando uno gana premios las posibilidades de trabajo y la libertad que uno tiene como artista se agrandan. Porque, bueno, lamentablemente este sistema está muy marcado por el éxito, por el triunfo, por los logros, por la pertenencia a una determinada clase o familia de gente que ha sido aprobada por el propio sistema. Y bueno, lamentablemente hay que tener premios para poder seguir siendo actor.
Porque es así, es una carrera en la que también hay mucha competencia, supongo. Pero bueno, igual no lo pienso, no es algo que sea matriz o que sea eje en mi actividad, en mi tarea. La verdad es que no elijo ni pienso en estrategia a la hora de trabajar.
¿Cuáles serían los cambios que has vivido entre los 120 pulsaciones por minuto y el Jockey?
No sé, no sé si muchos. Digo, cambios en qué sentido, En términos profesionales siento que sí, que por ahí gané en paz, sí, como que hay una calma que por ahí, si bien actuar es muy intenso y uno tiene que enfrentarse a muchos demonios, sé que es parte de la actividad. Entonces por ahí encaro el trabajo intentando no ser tan víctima de ansiedades o de miedos que por ahí antes tenía.
Entiendo eso como parte del trabajo y me parece incluso divertido. Quizás tengo la sensación de haberme salido un poco más del centro, de entender que uno es parte de una gran maquinaria y eso es muy potenciador para actuar. Saberse parte de una obra mayor.
Quizás tengo más conciencia de eso ahora.
¿Algún director de los que ya pasaron a otra vida con los que te hubiera gustado trabajar o conocer?
Hitchcock. Esos muy así como lejanos y a la vez fantásticos.
No sé, no tengo tampoco deseos o frustraciones en relación a con quién me hubiera gustado trabajar. Pero si me lo preguntas, sí, con los hermanos Lumière, no sé. Estar en ese momento sobre todo, no sé si por ellos, pero como vivir el momento de descubrir la sucesión de imágenes en movimiento.
Eso hubiera sido lindo. Como un descubrimiento casi científico.
¿Tienes algún ritual, algún método?
No. No.
Pero sí darle mucho, ¿cómo decirlo? ¿Qué palabra usar? Valorar mucho el encuentro. Que cada encuentro es un momento muy único, irrepetible. Y sin querer darle densidad al encuentro.
Al encuentro me parece que sí hay que darle celebración. Y a la hora de actuar, siento que todo tiene que ver con el encuentro. El encuentro de uno con los colegas, el encuentro de uno con un objeto, el encuentro de uno con una escena, el encuentro de uno con la luz.
Que los encuentros sean vividos como una fiesta. Eso intento que siempre esté activo. La celebración del estar.
¿Cuál es la música que a ti te gusta, te apasiona, te transforma?
No tengo un estilo ni nada muy marcado, la verdad. Así como la peli nos propone un viaje de disolución, de identidad y de permiso total al juego abierto de los potenciales y de las experiencias diversas, la música me gusta mucho el tango, me gusta el rock, me gusta el pop, me gusta la música de los ícaros amazónicos, me gusta la música de todo el mundo, la verdad. No tengo un lugar al que voy con la música, para nada.
Soy muy curioso. Me gustan mucho las músicas ancestrales, me gustan mucho los rituales, me gusta mucho la música clásica, me gusta todo, la verdad.
En alguna entrevista Luis Ortega menciona que tú practicas mucho el viaje, viajar de un lugar a otro, de Indonesia al Perú, viajes pequeños, largos, y en particular los retiros de silencio?.
¿Quién dijo eso? ¿Luis Ortega? Bueno, porque son todos diferentes tipos de viajes, pero viajes al fin, ¿no? Estar diez días en silencio meditando es un viaje interior o exterior, pero es un viaje en el sentido de que uno le da lugar a un proceso y a un pasaje, a un tránsito. Sí, soy muy curioso, me gusta mucho viajar, me gusta mucho descubrir, exponerme a cosas nuevas, confrontarme a situaciones nunca vividas, que es un poco, al fin y al cabo, lo que es actuar, ¿no? Que es imaginarse en situaciones, proyectarse en situaciones en las que uno por ahí nunca estuvo, o estuvo en otra vida, o estuvo en los sueños, pero es poner en práctica la idea de salirse del lugar, y viajar es un poco eso, ¿no? Practicar la humanidad desde el lugar de no poseer la experiencia, sino que la experiencia sea la que nos configure el movimiento.
¿Cómo son tus colaboraciones con Teddy Williams?
Ah, muy cambiantes.
Empecé actuando en un corto, en dos cortos, actuando haciendo sonido, haciendo la comida, del rodaje, ocupándome de los actores, asistente de dirección, de producción, administrador de crisis, hemos, nada, estoy ahí para lo que haya que estar, y bueno, el arte está en encontrar el rol en el cual uno pueda ser más potente y creativo, ¿no? Nada, somos socios de la vida. Tres más y terminamos. Vamos.
¿Tres películas que han marcado tu vida?
No, no tengo. No tengo. No tengo porque cambian constantemente, no tengo referencias, no soy fanático de nadie, no me caso con nada, todo es tan impermanente que no tengo esa personalidad de decirte, esta fue, no.
Tengo muy buenos recuerdos, por ejemplo, cuando descubrí los documentales de Herzog, eso sí, que me marcaron en un sentido, yo tenía 18 años, o bueno, no sé, 20 y algo, y fue muy hermoso ver todos los documentales de Herzog en una semana y poder ir a ese lugar tan natural, geológico, existencial, lúcido que tiene Herzog. Pero bueno, no son ficciones, ¿viste? De hecho en el documental a veces encuentro más, no sé si más, encuentro un viaje más profundo.
¿Cuál es tu próximo proyecto?
No sé. Rodar, no sé, hay varias posibilidades, pero ninguna se confirmó todavía. Pero por lo pronto una película que se estrena, dos que se estrenan el año que viene, es Narciso, de Marcelo Martinezzi, y Más Fuerte que el Diablo, de Graham Guit, que es un director francés. Es una película que filmamos en Bélgica este año con Melville Foupault, Marine Vacht, Asia Argento, Raika Hazanavicius, y otros grandes actores, y Arpo, el hijo de Graham.
Esa película puede ser interesante. Y rodajes no te puedo decir porque como no están confirmados, prefiero no revelarlos.
¿Qué consejo darías a los jóvenes de esta generación que quieren ser actores?
Que no escuchen ningún consejo.
Que los consejos son muy personales y no hay nadie que tenga ninguna verdad ni ninguna clave maestra. Que la clave está en desandar lo aprendido o lo impuesto y encontrar ese lugar genuino que solo a uno le pertenece y desde el cual uno puede ser potente en la tarea. No seguir caminos, no querer copiar, no querer imitar.
Trabajar el autoamor en el sentido más profundo de la palabra. Del lugar en el que uno realmente puede dar algo. Y que siempre está mucho más cerca de lo que uno cree.
El trabajo de alguna manera ya está hecho. Uno después tiene que agregarle técnica, desanudarlo, volverlo más permeable, respirarlo, habitarlo. Pero el trabajo ya está hecho.
Hay un fuego que vive en todos y ese fuego es el que para mí hay que alimentar. Y desde ahí uno puede volar muy lejos, pero que no hay que buscar mucho más lejos. Cuanto uno más lejos busca, más se desdibuja y más se pierde la fuerza creativa.
Y respirar, no olvidarse nunca de respirar.
La última. Diga.
¿De qué color es tu vida? ¿De qué color es mi vida? Mi vida es multicolor. No, es multicolor total. No hay ningún color que me defina.
Aunque si tuviera que elegir algún color, no por una cuestión de gusto, por una cuestión de que hay poco en la vida urbana, es el verde. El verde me hace muy bien. El verde de la naturaleza, ¿no? A eso me refiero.
El verde del reino vegetal. El verde que... que tiene muchas variaciones, que cambia, que late, que absorbe el sol. Todo ese... El verde botánico es un verde que me inspira.
Fotografia: Viennale


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