Ágora: Saludemocional y crecimiento personal
- Emanuel del Toro
- 17 mar
- 5 Min. de lectura

Salud emocional y crecimiento personal. Un comentario en torno a la importancia de priorizarse uno mismo.
Por: Emanuel del Toro.
Lo que a muchos les hiere, no es que las historias de amor y/o las relaciones de pareja se terminen, sino quedar como auténticos payasos, al descubrir que la historia de vida de aquellos que dejan, se puede seguir escribiendo sin ellos, y que de hecho, se escribe mucho mejor con su ausencia, que con su permanencia. Cuestión que se lo diga cómo se lo diga, termina resultando ante todo, una herida al ego. A esa falsa seguridad personal, que con saña pretenden blandir los miserables de su propio existir, a quienes dejan. Porque lo digan o no, lo que les enloquece, es ver que aquellos a quienes pretendieron herir con su ausencia, no hacen sino crecer o resurgir, cuanto más se alejan. Lo que de paso pone en evidencia su propia responsabilidad para con la persona que dejan.
Miserables de su propia existencia, –pero puede de hecho, ponerles el apelativo que guste, por ejemplo: Patán, mezquino, indolente, o cualquier otro–, son aquellos que van por la vida, cargando tras de sí un vacío personal que no se han de quitar, ni aumentando sus ganancias materiales, o siquiera aprendiendo a resolver todos sus problemas económicos. Porque el origen real de la mayoría de sus males, no está en traer o no un quinto en la bolsa, sino en lo rota y/o maltrecha que llevan la mente, al vivir presos de sí mismos, en una realidad, que lo mismo se hace trizas por lo que otros dicen, que por el contraste que hay entre lo que ellos mismos dicen que piensan, y lo que verdaderamente hacen o se permiten.
Eso y no otra cosa es lo que se vuelve en buena medida tan pesado de cargar cuando se está con un miserable de su propio existir. Porque casi sin darnos cuenta, comienza un inexorable proceso de intoxicación y/o contagio parasitario, que se va rutinariamente alimentando, cuanto más conoce el miserable la vida de aquella persona cuya vida pretende destruir. Para cuando acuerdas tus pensamientos dejan de ser tus pensamientos, y se vuelven en cambio los del miserable; para cuando acuerdas, tus sueños y/o anhelos dejan de ser tus propios sueños, y se vuelven en cambio, los sueños del miserable; para cuando acuerdas, tu mundo y hasta tu visión de la vida, dejan de ser la tuya, y comienza a ser la del miserable.
Lo más grave de un tema semejante, es que muchos jamás despiertan de semejante viaje. La violencia sistemática en medio de la cual aprenden a vivir, se vuelve tan endémica, tan sólida, tan sutil, que pasa a ser su propia piel; se deja de vivir para con uno mismo, viviéndose en cambio para con otro, al que nunca se deja conforme; de hecho, no importa qué se haga, es un hecho que nada alcanza; malo si lo haces, malo si no lo haces. El caso es que a partir del miserable viven, a partir de este respiran, como a partir del mismo aprenden a filtrarlo todo. Su tiranía del odio, mediocridad y autosabotaje, se vuelve tan dolorosamente familiar, no sólo porque se acostumbran a ella, sino porque además, con suma frecuencia les recuerda a las víctimas, aquella violencia de la cual ellos mismos provienen. De ahí que aunque se esté inconforme, sea tan difícil de salir de ella.
Ello dota de suma regularidad y/o estabilidad al sistema de dominación del miserable. Que como buen sistema que es, además se encarga de garantizar la replicación de sus propias condiciones de subsistencia. Porque claro, todo buen sistema para serlo, además de persistir y/o mantenerse en el tiempo presente, debe garantizar las condiciones que harán posible su replicación en un futuro, sembrando en las nuevas generaciones la semilla de la miseria y la mediocridad.
De ahí que lo mejor que le puede ocurrir a la víctima de un miserable de su propia existencia, es que este decida irse. Aún si las razones que su victimario tenga para irse, sean las de probar el control que este tiene o no sobre la vida de su víctima. En tales condiciones tiene necesariamente que quedar claro que conseguir escapar de las fauces de un miserable de su propio existir, no garantiza en lo absoluto la posibilidad de volverse a enredar con otro miserable, exactamente igual o peor que aquel que pretende herirte con su ausencia.
Porque si no se trabaja con paciencia y/o profundo autoamor, –yendo a terapia, lo mismo que consultando especialistas–, sobre las razones que te han hecho coincidir y engancharte con un miserable en el pasado, es ampliamente probable que la historia termine repitiéndose de forma indefinida. Y no creo que vivir permanente lo que se dice a salto de mata, yendo y viniendo de un infierno para entrar en otro, lo mismo que para repetir de diablo, –porque hasta eso, luego hay no pocos que no sólo van de infierno en infierno, sino que además regresan cada y tanto con el mismo diablo–, sea realmente una buena y/o sana manera de vivir.
La de descalabros que nos evitaríamos si con la misma vehemencia que se pretende educar a las nuevas generaciones en términos de sexualidad reproductiva, se hiciera lo propio por la educación psicoafectiva o emocional. Existen temas que por su centralidad en nuestras vidas, debieran de ser materia obligada. Porque la salud emocional propia es tal importante y/o fundamental como lo es la salud orgánica del cuerpo en general. Y para decirlo claramente: Pretender desconocerlo o infravalorarlo, no lo hará distinto o menos significativo. La paz interior es tan esencial, que no es en lo absoluto negociable.
La educación emocional debería ser asignatura obligatoria en todo el sistema escolar nacional. El punto está en que muchas veces, —quizá muchas más de las necesarias–, amamos y/o nos relacionamos afectivamente de forma imprudencial, ya porque ese fue el aprendizaje recibido de nuestros padres, lo mismo que porque a veces no hubo opción de aprendizaje alguno, y en su ausencia tuvimos que aprender a arreglarnoslas como pudiéramos. Para el caso, en semejantes condiciones no es de extrañar que terminemos teniendo tan desafortunados referentes de lo que una relación afectiva tendría que ser.
Mantener una atención permanente en un tema tan crucial como el de la educación emocional de las nuevas generaciones, haría mucho más que lo que hasta ahora hemos conseguido, por propiciar un nuevo aprendizaje social que verdaderamente nos haga capaces de superar la actual cultura de perenne irresponsabilidad afectiva que nos caracteriza.
Para ser honesto, no es la primera vez que lo digo: Los problemas emocionales sin resolver, son oportunidades de crecimiento personal desperdiciadas. Comencemos pues a resolver tales problemas, teniendo el valor y/o el atrevimiento de romper nuestros referentes, propiciando una nueva cultura amorosa, fundada en la dignidad personal como principio irrestricto. Una cultura amorosa que de forma progresiva, pero además flexible, nos permita establecer nuevos aprendizajes emocionales, que verdaderamente nos lleven a materializar la eterna promesa que el amor nos hace de volvernos mejores personas.*
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* PD. Cambiar de rímel, no te va servir de nada, si sigues cambiando un rímel corriente por otro rímel igual de malo; y perdonen que lo diga así, pero si piensas pedir consejo a amigas y/o familiares, al menos anda a consultar con alguien que si sepa lo que es tener una vida sentimental y/o de pareja satisfactoria. Porque eso de pedir parecer sobre la vida y sus etapas, a alguien que está igual o peor que uno mismo, encima de mediocre, es una terrible estupidez.
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